¿Inclusión o segregación educativa ?

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Es difícil garantizar la inclusión educativa, ese principio que impregna toda la normativa y los discursos políticos, cuando la realidad presupuestaria no se ajusta a tan ambicioso objetivo. A saber: que las administraciones educativas aseguren los recursos necesarios para disponer del profesorado de las especialidades correspondientes y de profesionales cualificados, así como de los medios y materiales precisos para la adecuada atención al alumnado supone evaluaciones, informes y negociaciones constantes.

Ocasionalmente, tras la pandemia, también ha ocurrido lo contrario: personal que aparece sin que nadie lo haya solicitado, por obra y gracia de fondos europeos con carácter finalista, es decir, con fecha de caducidad.

Lo que ya no resulta tan anecdótico es la falta de planificación en las nuevas escolarizaciones. Es decir, cuando ya se conoce, con antelación al inicio del curso escolar, qué recursos de apoyo especializado requiere el alumnado y, aún así, las clases comenzaron, el 11 de septiembre, con su ausencia. Esto es lo que ha sucedido con la figura de auxiliar educativo en el colegio Nuestra Señora de Mérida (Pravia), IES Sánchez Lastra y (Mieres) y CP “Darío Freán Barreira” (Cuaña). Los dos primeros centros han conseguido solucionar el asunto la primera semana de octubre. En Jarrio siguen adelante sin este apoyo, es decir, con muchas dificultades.

La auxiliar técnica educativa tiene, entre sus funciones: acompañar al alumnado con necesidades educativas especiales (ACNEE) tanto en los desplazamientos, como  en  la  realización  de  las  actividades  relacionadas  con  los  programas  de autonomía  personal  e  higiene  y  de  enseñanza-aprendizaje,  durante  el  periodo escolar,  para  satisfacer  las  necesidades  básicas  de  aseo,  alimentación  y  descanso del  ACNEE,  procurando  su  autonomía  y garantizando su seguridad.  Cuando la auxiliar no está, el bienestar del alumnado y del profesorado empeoran considerablemente y, consecuentemente, la calidad de la educación queda en entredicho. 

En Jarrio contaban con los preceptivos informes de escolarización que dictaminaban la necesidad de auxiliar educativo, igual que en el IES Galileo Galilei (Navia). Resulta evidente que una misma trabajadora no puede desplazarse de un centro a otro a demanda – no se trata de cruzar una calle- cuando surja la necesidad, porque son imprevisibles y no llegaría a tiempo. Establecer un horario compartido entre ambos centros – municipios, procuraría una atención igualmente precaria. Así que, en el CP Darío Freán están sin auxiliar desde que empezó el curso, y va para un mes. ¡Vergonzoso!

Sugerir, recomendar o emplazar a las familias para que escolaricen a sus hijas e hijos en un centro, que no les corresponde o que no es público, en el que ya hay personal de apoyo asignado, en lugar de poner los recursos donde el alumnado se escolariza no es inclusión, es segregación.

Por todo ello, desde SUATEA exigimos una solución inmediata para el Colegio Darío Freán Barreira y un compromiso firme por parte de la Administración para que este tipo de situaciones no vuelva a suceder. Planificar en tiempo y forma los recursos establecidos (aprobados) es lo mínimo que se espera de una Consejería tan inclusiva.

Uviéu, 9 de octubre de 2023

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